Cuando entré a trabajar a Cinemets, no solamente me enseñaron a preparar chinches cafésitos ni a sonreirle hipócritamente a la gente. NOOOOOO. Tuve mis cursitos motivacionales, de protección civil y hasta preparar bebidas (naaaa, yo no llegué a ese lástima jajaja). Lo curioso del caso es que una actividad en el curso de inducción fué aprendernos un poema de Julio Cortázar y recitarlo para ver a quien le salía con mas feeling y adivinen quien se rifooó. Yo no jajaja , no se me da eso de tener a mas de 30 frente a mi y desenvolverme bien. Hubo un tipito que me kgaba que andaba de nalgas caidas porque su jeva se había largado con otro y pues fué el que mejor entendió el poema. He aqui el tan mencionado:
Manual para salvar el odio
Cuando ella o él te dejen, no perdones,
niégate a comprenderlo.
Cultiva bien tu odio, nunca seas
generoso en palabras o en olvido.
Cuando ella o él te dejen, nunca digas
adiós, o qué vamos a hacerle.
Maldice cada letra de su nombre.
Y júrale odio eterno mirándole a los ojos.
Cuando ella o él te dejen, nunca creas
ni justificaciones ni promesas
y busca las palabras más hirientes
el insulto más infame que conozcas.
Cuando ella o él te dejen, nunca juegues
a ser Rick perdido en Casablanca.
Provoca llanto, dolor, remordimientos
y que el adiós te corte igual que una cuchilla.
Porque cuando ella o él te dejan, habrá alguien
tarde o temprano esperando en otra esquina
y volverán a gozar en otros brazos
y dirán "te amo". Y "ven, dámelo todo".
Y olvidarán. ¿Para qué, entonces,
mentir? Que ella o él se lleven
-aunque dure bien poco- nuestro odio
igual que una bandera. Para siempre.
J. Cortázar
Es bueno, al menos real ¿no creen? Salvar el odio, lo que mas se siente en esos momentos, al menos sacarlo un poco, de algun modo.
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3 comentarios:
que buen pinche poema dice toda la verdad es justo lo que necesitaba
Me encanto amiwii ya lo lei varias veces yme sigue gustando te rifaste.
Pues... es muy cierto, a mi me encanta, aunke espero nunca aplicarlo... Eso del amor y el no saber que pedo con la otra persona es lo que realmente nos frustra a veces. Uno no sabe hasta que punto darlo todo. A fin de cuentas nunca tendremos la certeza de qué siente la otra persona. Si es igual o no.
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